La economía de Panamá

Todo empieza desde que nacemos. El sistema nos obliga a entrar en una plataforma médica que aunque satisface muchas necesidades del embarazo como los ultrasonidos para conocer el progreso del feto también obliga a elegir entre propuestas de comodidad de una clínica privada o el suplicio de la medicina pública. A la vez, el mercado de fármacos participa exigiendo un consumo de sus productos para empezar a moldear un organismo que crezca para ser su cliente el resto de la vida. A su vez, tienen su parte las aseguradoras que dibujan soluciones de tranquilidad con un trasfondo de gastos que sirven para su propia sostenibilidad. No nos damos cuenta pero al sumar los números termina siendo mucho más caro el parto.

El sistema educativo espera hambriento a ese infante como su presa a moldearlo con ignorancia disfrazada de conocimiento por docentes (en gran mayoría) que viven el hoy con una conciencia congelada en su pasado o torcida por sus inclinaciones políticas. Entre las verdades a medias dictadas en las escuelas, ese chico cada vez más adolescente empieza a experimentar confrontaciones con las realidades de la vida pública. Porque por más que les apaguemos los noticieros en televisión, el .com está abierto para poner en examen el discernimiento de ese chico.

Sincronizadamente, el choque religioso (mayormente católico) se suma a la tarea de crear este individuo en un formato de sumisión. Creando una fe basada en individuos disfrazados de sotana, más que en sí mismo como ser humano. Aquí no hay mucho que decir, solo “rogar” que no lo violen.

En la adolescencia ese chico debe sufrir los juzgamientos y ser catalogado por los “adultos” a los errores de supuestamente todos los adolescentes.

En su vida adulta, con los conocimientos predeterminados implantados y la sumisión religiosa “con el favor de di-s” emprende una vida laboral.

Esta es una etapa importante porque para los poderes económicos este individuo es una nueva pieza al motor de la máquina del dinero que será su verdugo el resto de su vida.
Porque dice la sociedad que es más importante que le llamen “doctor” o “licenciado” más que por su propio nombre entonces toca buscar “una buena empresa” que ofrezca “un buen puesto” que ofrezca “un buen salario” por lo menos para cubrir “los gastos”.
Los poderes económicos son como La Camorra y/o hasta la Mafia Siciliana. Un conglomerado de individuos familiarizados por los mismos apellidos armados de un esquema complicado pero delicadamente entrelazado para brindar soluciones a sus necesidades valorizados especialmente por la característica de la necesidad de sus clientes. Clientes que serán los mismos que trabajarán para esta propia Mafia, en un círculo vicioso estrangulante donde la remuneración está diseñada para estar limitada a casi sufragar las necesidades que de ellos mismos consumen. Ahora La Camorra y la Mafia Siciliana surgieron comiendo en la misma mesa en tierra italiana, donde reside el vaticano en Roma. Para no extinguirse mutuamente acuerdan un estatus quo en el sistema de la vida de sus clientes. Empleados. Víctimas obligadas.

Al final, el individuo que nació al principio de este texto muere dejando la semilla de otra generación que permanece alimentando el ciclo. Porque la sociedad dice que es necesario crear una nueva familia como parte de la vida.

#BuenoAsí

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